Ser candidato electoral es peligroso.

La adquisición del poder, en cualquier ámbito de la vida humana, es algo que corrompe la moral y ética de cada uno de nosotros. Es capaz de sacar nuestros comportamientos más primitivos, aunque si lo pensamos con calma, la lucha por el poder es igual de instintivo que éstos; pensar en las capacidades y facultades que se adquiere si se está en esa posición, altera todo el concepto del bien y del mal que se tiene.

Cambiar las piezas a su favor, con esa ayuda llamada poder legislativo, suena bastante bien para alguien a quién le encanta tener el control y que todo salga a su conveniencia. Esta adquisición es muy demandada, y aquí es donde suele valer todo con tal de obtenerla, se inicia una batalla constante en las campañas y candidaturas donde muchas veces reímos y hasta hacemos memes, pero querer el poder de gobernar a traspasado las palabras y llegan a eliminar, de manera literal, a sus contrincantes.

En México, la violencia política siempre ha sido frecuentemente relacionada a la competencia electoral, dejando una mancha que será muy difícil de eliminar. Si es que algún día quieren que termine.

Nuestra naciente democracia se ha manchado de sangre, se ha bañado en ella estos últimos 4 años, a causa de la violencia entre candidatos y partidos. Este desentendido entre los partidos ha formado un instrumento de competencia electoral que cuartea la equidad y certeza en las elecciones, la confianza que el pueblo crea en sus electos y amenaza con destruir la gobernabilidad democrática.

Tan solo en el 2018, en las elecciones que abrieron la puerta al primer gobierno federal de izquierda, se registraron 774 crímenes contra políticos y candidatos, resultando con 152 victimas mortales. En las victimas mortales, se encontraron 48 aspirantes y candidatos a puestos electivos.

La historia no solo se repitió, empeoro. Para el 2021 ya se contaban mil 66 victimas de hechos delictivos hacia políticos, un incremento del 38%, 102 homicidios dolosos en donde 36 fueron candidatos electos.

Las elecciones más violentas desde los altercados que iniciaron con el año 2000, estos periodos de los que hablamos suman en conjunto mil 840 ataques criminales como:

  • Homicidios.
  • Amenazas.
  • Secuestros.
  • lesiones por arma de fuego.
  • Homicidios en grado de tentativa.
  • Asaltos.
  • Desapariciones.
  • Privaciones ilegales de la libertad.
  • Delitos contra la dignidad.

Como producto de lo anterior, dieron con 254 bajas y 84 figuraban como candidaturas políticas electas o competían por un espacio de representación popular. El problema ya se había presentado antes, solo que en elecciones no recurrentes y cuando estas votaciones se empezaron, de cierta manera, a sincronizar con las de mayor relevancia, los crímenes ocurrieron con mayor intensidad.

Todo esto solo hizo predecir un nuevo pico de estas actitudes para las elecciones del 2022 y que se pronosticaría un ataque a candidatos con un rango mayor a los ya atacados, prospectos populares en el grupo político.

Los siguientes puntos son hallazgos recopilados por “Etellekt”, una consultoría especializada en comunicación y análisis de riesgos, que defiende principalmente los derechos humanos y políticos de todos los ciudadanos. Estos datos pertenecen al periodo: septiembre 2021 – mayo 2022.

  1. Se han perpetuado 85 agresiones contra políticos, donde solo 11 tuvieron como objetivo a precandidatos y candidatos, abarcando principalmente ataques de tipo psicológico, sin que haya víctimas mortales.
  2. Durante este periodo se arrojó un saldo de 7 víctimas dolosas (ninguno precandidato o candidato), y solo una estaba relacionada con el actual proceso electoral y los 6 que quedan eran excandidatos y militantes.
  3. Del total de agresiones, 13 fueron hechas durante procesos electorales estatales, el resto no se vinculó con ningún proceso de votación o relacionado.
  4. Ser candidato de opositor al gobierno actual ha cobrado 79% de todas las agresiones en el periodo. 66 de los ataques pertenecen al estado de Oaxaca, y ¿qué presencia política tiene actualmente Oaxaca? Asi es, Morena.
  5. Las amenazas se extienden a las familias de los candidatos: amenazas, vigilancia y hackeo de teléfonos celulares son su nuevo modus operandi para castigar y agredir de una manera mas ruda a las víctimas.
  6. 3 de los 6 estados con mayores delitos contra candidatos pertenecen a la expansión de morena por el país. Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo tienen a gobernantes de morena en el poder estatal y también acumulan el mayor número de delitos cometidos.

No existen más palabras que las anteriores para describir el matadero en el que han convertido al país por la obtención del poder, del monopolio gubernamental. Será estas las nuevas leyes de la selva, la supervivencia del más protegido o cambiar de color como un camaleón, para lograr un camuflaje.

¿Será que Morena se convirtió en lo que tanto juró destruir? En la verdadera mafia del poder.

Compartir:

Añadir comentario:

2